LA TRADICIÓN DE LOS CHAYACATES EN IXTLAHUACÁN

Conocido como uno de los testimonios más fieles donde el tiempo perfecciona el pasado y expone las memorias al presente, la tradición de Los Chayacates es el claro ejemplo de cómo describir a través de una festividad  la perpetuidad del destino.

 

Esta fiesta que dura dos días se realiza el 5 y 6 de enero en el municipio de Ixtlahuacán, en donde los participantes se preparan con anterioridad recolectando un fruto conocido como Chocohuistle que produce la planta Aguama (Bromelia Karatas), la cual se encuentra en el campo de esta zona.

Para Los Chayacates este fruto guarda una estrecha relación con los ciclos de bonanza agrícola de aquel entonces, y en la actualidad, da permanencia  y continuidad a una tradición centenaria.

 

El Chocohuistle representa el simbolismo de la producción de trigo en Belén, como se menciona en las Sagradas Escrituras. Además es el uso que prevalecía del maíz como parte de las producciones agrícolas de la  región  y que en su momento eran ofrecidos a la Corona Española como tributo.

 

El uso de este fruto dentro de la festividad ofrece perpetuidad y anuencia, cobrando una vitalidad por la cantidad de usos que tiene, el cual en lugar de ser consumido como un fruto más, deviene en la producción  de una bebida aguardentosa.

 

Este fruto antes de ser cosechado presenta dos coloraciones: blanca y roja. La primera señala que apenas se encuentra en formación (aunque es importante señalar que, en algunas regiones del país, este color también significa madurez del fruto) y la de color rojo es el de un fruto maduro.

 

Comer este fruto es un manjar, aunque puede provocar irritación en la lengua a la hora de ingerirlo (escaldar la lengua) debido a su origen silvestre  y el total desconocimiento del mismo.

 

La producción agrícola guarda una fuerte relación en la festividad de Los Chayacates. El momento en que la Sagrada Familia iba huyendo del Rey Herodes, siendo este el encuentro con Los Chayacates, que aunque considerado como el menos analizado, es el que despierta mayor interés en la celebración.

 

En dicho momento, cada uno de Los Chayacates se encuentra en un punto cardinal diferente y al mismo tiempo labrando el suelo, esto se da por el periplo de María y José para salvar la vida del niño Jesús.

 

Durante la huida de La Sagrada Familia del Rey Herodes, Los Chayacates borran toda huella que pudiera facilitar su ubicación, encuentro que da paso a uno de los diálogos más hermosos dentro de la celebración en donde Los Chayacates anuncian: “secopla viejo, secopla. Caaampa mutlacatl ilhuish in dios cipiltzin. ¿Dónde está el niño Jesús, el Cristo nacido?”.

 

Con este acto se conmemora el encuentro de la iglesia occidental y de los grupos indígenas del nuevo mundo.

 

Cabe recordar que la evangelización, además de destruir mucha de la cosmovisión de las culturas indígenas, permitió en cierta medida, una reconciliación de mundos separados.

 

Los cuatro viejos que  como los cuatro puntos cardinales, ataviados con huaraches, costal de ixtle, mascaras blancas con un gorro forrado simulando su pelo cano y largo, son también una forma de exponer y descifrar el amor al Creador.

Así como María y José dieron vida al niño Jesús para arraigar  fe y devoción, para Los Chayacates, cosechar chocohuistle, es lo que hace más real, de repente dar las gracias a Ipalyolihuani.