TRANSPARENCIA

Uno de los grandes males de México es la corrupción. El tamaño de la corrupción es tan amplio como la victoria de López Obrador en las elecciones del primero de julio de 2018.  Y lo digo con justa razón porque ese concepto fue el tema que enarboló a lo largo de su campaña y tal vez en los últimos seis años de su participación política.

 

La gente se cansó del PRIAN, la combinación de los partidos en el poder (PRI y PAN). Era evidente el hartazgo social. Un descontento alimentado principalmente por la corrupción, por los vicios que no cambiaron en la alternancia del año 2000. Como si en esa transición, el gobierno sólo hubiera mudado la piel permaneciendo el cuerpo intacto. Parece que en ese año, la transformación que pregonaban, simplemente era el ánimo de cambiar de partido y continuar con las malas prácticas, buscaban el poder y no eliminar las mañas. Pudiendo erigir nuevas formas de gobierno, sin embargo, les ganó la ambición.

 

En el año 2012, López Obrador, “obró” como profeta, al sostener firmemente que Peña Nieto nos llevaría al “Despeñadero”. En ese momento, los medios de comunicación lo juzgaron loco.  Incluso, el sexenio inició con el pie derecho con el llamado “Pacto por México” y con golpes mediáticos a la delincuencia. Al paso de los meses tomó forma el “Nuevo PRI”, y la memoria nos hizo una afrenta: cuánta razón tuvo López Obrador. Por eso se catapultó como la esperanza de México.

 

Hoy, la oportunidad es histórica. No puede haber pretextos. Se tiene lo necesario para cambiar, desde el punto de vista legal con la conformaciones de la Cámara de Diputados y Senadores, y valga decirlo, se cuenta con lo más indispensable, que es la voluntad política de realizar reformas profundas al viciado sistema político mexicano.

 

Por lo anterior, cobra vigencia la importancia de conocer el significado pragmático de la transparencia. Ese antídoto que se suministra a los gobiernos plagados de corrupción. Esa medicina fundamental en la construcción de gobiernos abiertos a la sociedad, que generen confianza, y que no sólo verbalicen una honestidad valiente, porque vaya, dicha frase que tiene un alto contenido de razón, puede ser la clave para sacar adelante a la nación. Esperemos que las palabras vayan acompañadas de hechos.

 

Parece absurdo que las personas que son depositarios de nuestra confianza en las urnas electorales, posteriormente les tengamos que pedir que sean transparentes en su actos y en sus rendiciones de cuentas, es más, me resulta aún más absurdo que se hayan creado organismos para fomentar la transparencia, cuando el gobierno debe ser el principal obligado en pregonar la cultura de la transparencia, pues sería el primer beneficiario ya que la población conocería sus actividades y podría refrendar su apoyo en las elecciones.

 

Tal vez, ante las lacerantes condiciones de corrupción, lo gobiernos en turno buscaron curarse en salud con dichos organismos y de los cuales no juzgo su loable trabajo, pero qué bonito sería que independientemente de la obligación legal, el gobierno trasparentara las acciones emprendidas, impulsara la participación de la ciudadanía y escuchara a la sociedad en la toma de decisiones. Sin embargo, en algunos gobiernos esos actos tan sencillos encierran una dosis letal de corrupción. 

 

LIC. ROBERTO CHAPULA RINCON 

ABOGADO LITIGANTE