TONALTEPETL 30/07/20

Gustavo L. Solórzano

 

El maestro Guillermo Zamora nos daba clase de Radio, así se llamaba la especialidad, eran varias las actividades complementarias a la carga de materias que conformaban el plan de estudios de secundaria. Corte y confección, Carpintería, Música y taquimecanografía, si mal no recuerdo. Las clases de radio y carpintería eran de las más solicitadas, solamente asistíamos hombres y ambos titulares se adaptaban a nuestras expectativas y necesidades no solamente escolares sino propias de la adolescencia. Recuerdo a los maestros José Murguía y Clemente, ambos nos enseñaban, aunque no fuéramos alumnos de su clase, pequeños detalles de su especialidad, éramos felices.

En una ocasión el maestro Guillermo Zamora nos comentó, sus clases eran muy amenas, que la vida en estados unidos era muy dura para los mexicanos y que lamentablemente los paisanos que ya vivían allá, eran el peor acicate para los compatriotas que iban buscando una oportunidad económica. Jamás olvidé esas palabras, me causaron tristeza e incomodidad tan solo de pensar que los que ya estaban hacendados en otros lugares del mundo, fueran duros o egoístas con los que pretendían ingresar a esos países.

A cuarenta años de distancia de aquella platica, la vida no solo sigue igual, sino que ha empeorado. Los mexicanos nos convertimos en enemigos de los mexicanos mismos y hoy no solo existen agresiones fuera de nuestra casa, peor aún, dentro de la misma. Me explico, cada vez que un ciudadano que pertenece a x partido, agrede a otro de distinto ideología, la historia se repite. Cada vez que una persona difama a otra por la espalda, la triste historia tiene continuidad, asumo mi parte. Vivimos una guerra continua en el caminar de cada día y hemos perdido el valor civil para expresar de manera respetuosa aquello que no va con nuestra forma de pensar, preferimos el chisme o la descalificación.

Obviamente hablo de opinar en torno a cosas que nos atañen, porque luego existen algunos individuos que asumen el papel de libertadores o superhéroes y andan metiendo la nariz en donde nadie les llama; naturalmente esa es otra historia, sin embargo sucede. Otro mal ejemplo del tema se ha venido dando con la pandemia, me refiero a las personas fallecidas, pues encima del dolor causado a sus familiares, está la especulación, que si fue tal o cual cosa, bueno, un montón de calificativos que incluso rayan en la ofensa. Pueblo chico infierno grande, decía mi abuela; al margen de la hombría o la caballerosidad, la mayoría de los hombres de mi época éramos derechos, claros y si había alguna diferencia la platicábamos o nos quitábamos las ganas. El “referí” extendía la mano separando a los inconformes, “el que escupa primero, gana”, esa era la voz de arranque y el primer afectado solía dar el primer golpe.

Todos somos valientes cuando hablamos del que no está presente.

ABUELITAS:

Aproximadamente mil 600 millones de personas viven en escasez absoluta de agua, mientras que 663 millones viven sin un suministro cercano. Con datos imprecisos, actualmente existimos casi ocho mil millones de ciudadanos, producimos menos de lo que consumimos y hemos talado arboles como nunca en la historia.

Los pozos que se secan se clausuran y se busca otro, así de sencillo, no existen alternativas de parte de los ayuntamientos para captar agua, en tiempos de lluvia millones de litros se desperdician no solo por falta de la tecnología adecuada sino por falta de conciencia ciudadana y de nuestras autoridades. Sin duda, todos nos necesitamos. Es cuanto.