TONALTEPETL 3/OCT/19

Gustavo L. Solórzano

En mi época de bombero voluntario activo tuve la oportunidad de recibir capacitación sobre temas diversos, mismos que contribuyeron en mi formación para atender cualquier siniestro. Trabajar con Melchor Urzúa al mando era y sigue siendo una enseñanza única, su permanencia en áreas destacadas de servicio humanitario representan un compromiso y bueno, un regalo para la vida.

Un día, a media mañana, la chicharra del cuartel sonó intermitente presagiando servicio. La voz al otro lado del auricular se escuchó angustiada, ¡se están quemando unos pastizales! Apenas iba yo a preguntar por el lugar cuando la persona agregó y ¡casi le llega a las casas! ¡Servicio! Grité.

 

Don Gonzalo era el chofer de guardia, ya vestido para la ocasión aguardaba arriba del transporte en el que nos trasladaríamos. Terminé de vestirme arriba de la unidad que ya iba rumbo a la incipiente colonia Manuel M. Diéguez. “El Dina”, potente aún, ululaba con su sirena para hacer saber a los transeúntes de nuestro paso. Al llegar al lugar nos dimos cuenta de la gravedad del caso, tiramos mangueras y de inmediato empezamos a rosear en dirección a la base del fuego. Para nuestra fortuna teníamos el viento en contra del fuego. Con voz grave don Gonzalo me dijo, “no nos va ajustar el agua, ve a traerte la pipa”.

 

Apoyado por una patrulla de la policía llegué de regreso al cuartel para mover el viejo, pero útil armatroste y casi cuando terminábamos, el viento caprichoso nos cambió la jugada y en menos de lo que usted me lee, nos vimos envueltos por el humo y cerca de las llamas. La desesperación de no respirar aire limpio estuvo a punto de ganarnos. Cubriendo nuestra nariz con un pañuelo y haciendo un esfuerzo adicional nos subimo0s al Dina para alejarnos del lugar a donde el humo no siguiera afectándonos. Entendí la toxicidad del humo, venga de donde venga y desde luego la bendita oportunidad de trabajar en equipo.

 

Recordé esta vivencia por el barco atunero ‘María Verónica’, que ardió en llamas emanando humo desecho de diesel y otras partes afectadas. Triste situación para nuestros hermanos de Manzanillo que después de dos huracanes ahora enfrenten el humo, sinónimo de toxico. Peor aún, con el derrame de amoníaco, pues tan solo una gota es altamente corrosiva para la piel, ojos y pulmones, e incluso aun en concentraciones bajas en el aire. De hecho la exposición a 300 partes por millón (ppm) de amoníaco es extremadamente peligroso para la Vida y por ende para la salud.

Ojalá que los responsables de atender la contingencia hayan puesto en marcha los protocolos adecuados y sobre todo, que no minimicen las posibilidades de riesgo para la población.

 

DESLAVES:

 

Bastante tienen en el puerto con la contaminación de la termoeléctrica.

ABUELITAS:

Como siempre, la Cruz Roja está presente y al pendiente de las situaciones que requieran de ayuda humanitaria. Esta vez no ha sido la excepción y dando seguimiento puntual al paso de los huracanes Lorena y Narda, el delegado de la institución Héctor Galindo Vázquez, solicitó apoyo a la sede nacional para brindar ayuda a quienes se vieron afectados por los fenómenos meteorológicos señalados. En respuesta al llamado, en las próximas horas arribará a nuestra ciudad un tráiler con aproximadamente 1800 kits de ayuda humanitaria, misma que será descargada en uno de los municipios más afectados para de ahí ser distribuida. Seamos todos hermanos. Es cuanto.