TONALTEPETL 24/02/20

Gustavo L. Solórzano 

 

Los hombres son ricos sólo en medida de lo que dan. El que da un gran servicio recibe una gran recompensa. Elbert Hubbard,

 

“Tenía ocho años de edad cuando empecé a nadar” me comenta orgulloso el Tiburón como también se le conoció a un gran nadador, cuya especialidad fue el velocismo.  “era yo un muchacho cuando él Cirulín y (Víctor Vázquez Santoyo) Alberto (Isaac Ahumada) me invitaron a jugar unas competencias”. El joven era alguien sin técnica y sin experiencia, no así sus “retadores”, quienes ya tenían nombre en el ámbito de la natación. Con más valor que conocimiento, el Tritón, uno de los apodos que ganaría en su exhaustiva carrera, enfrentó a manotazo limpio a los dos jóvenes atletas, con grandes brazadas y en un tiempo considerablemente corto, los experimentados nadadores se vieron superados por el inexperto participante. Ese fue el principio de una amistad que perduró hasta la partida de la “Flecha colimense” y con Don Víctor, quien aún vive. Tiempo más tarde, ellos mismos le enseñarían a perfeccionar su propia técnica.

Lo reencontré en el jardín de la libertad, justo ahí en donde se dan cita muchas personas para disfrutar las tardeadas musicales con la banda sinfónica del gobierno estatal o con el grupo que integran Enrique, Salvador y otro acompañante cuyo nombre no recuerdo en este momento. Con noventa maravillosos años encima y una lucidez extraordinaria, le enseñó unos pasos a una simpática dama que se animó a bailar. Platicamos amenamente y recodamos juntos cuando en el 2014 ganó, sin mayor reconocimiento en el estado; por cierto, tres medallas a nivel internacional en su participación en Canadá.  Dos de plata y una de oro, orgullosamente en el  Campeonato Mundial de Natación Master FINA que se celebró en Montreal.

 

Veinte años como salvavidas en una de las playas bravas de nuestro estado, Cuyutlán, maestro de en la alberca olímpica de la unidad deportiva Morelos y la suma de entregarse por ochenta y dos años a la natación, hablan de la talla de éste hombre. Lo anterior permite entender el porqué de mil personas rescatadas, sinónimo de mil vidas salvadas de una muerte por inmersión. Amor a la humanidad, a lo que se hace, esa es la respuesta. Apacible, sereno y sencillo, el maestro se emociona al narrar las anécdotas de su vida; nombres, detalles y fechas se van reacomodando en su memoria para ser compartidas de forma amena, emotiva e impresionante.

 

Es justo que las autoridades deportivas de nuestro bello Colima, le entreguen un reconocimiento por su labor humanitaria, su constancia en el deporte y su destacada participación en tantas actividades representando a nuestro estado con resultados favorables, “en vida hermano en vida”.

 

Sirvan pues, en el aciago correr del tiempo colimense, estas líneas para expresar mi profunda gratitud como colimense, al maestro Gil (como su abuelo) Cabrera Gudiño, nacido en Villa de Álvarez y en donde la unidad deportiva lleva su nombre, por su entrega y pasión al deporte y más allá de ello, por su servicio humanitario, sin duda un ejemplo a seguir.

 

ABUELITAS:

 

Expreso mis condolencias a la familia de Pedro Cervantes Bores, (El cuate) un gran amigo personal y de mi familia, que ha partido al eterno oriente. Amigo, estoy seguro que Doña Paula, tu señora madre, ha venido para recibirte y llevarte a la casa de nuestro gran padre madre.