TONALTEPETL 22/10/20

Gustavo L. Solórzano

 

Nuestra vida está en manos de Dios, honrar la vida es honrar la presencia divina en nuestro interior.

 

Acudir a un servicio como voluntario de Cruz Roja o de los Bomberos era la gloria, servir a una persona en desgracia representaba la oportunidad de poner en practica nuestro aprendizaje y en el fondo, alimentar a un ego natural en todo ser vivo. Los años me han permitido entender que sería hermoso no tener rescatistas, ni policías, ni ejército, desde mi inocente utopía, porque tenerlos implica que alguien sufra.

 

Julio Cesar Gutiérrez Suazo y yo caminábamos por la playa disfrutando el panorama, era mediodía de un sábado santo y a lo lejos vimos que la gente se amontonaba con su mirada fija en el verde mar del “Gentil”. Aquel personaje que describe Gregorio Torres Quintero en su libro Cuentos Colimotes.

 

Sin pensarlo dos veces, corrimos hasta el lugar mencionado y pudimos darnos cuenta de que alguien se estaba ahogando. Cuando se está en una circunstancia así, el cuerpo responde con energía y las ideas fluyen con efervescente rapidez en busca de soluciones.

 

Dispuestos a servir, nos adentramos hacia el inmenso mar lleno de historias.

Mi tía luisa, hermana de mi madre vivió allá gran parte de su vida hasta poco tiempo antes de su trascendencia física, en abril de un año lejano. Desde mi edad temprana mi vida estuvo ligada al Cuyutlán de mis ancestros, las salinas, las temporadas vacacionales, el maremoto, el Hotel 7 Mares, los incomparables viajes en tren, el monumento a Juárez y la bella historia que narra Torres Quintero, cierta o no, es una fascinante muestra de humildad que, sin duda, el presidente Benito Juárez mostraba, según dice su historia, humildad que a muchos nos hace falta.

 

Los tumultos, se prestan para todo, menos para auxiliar, agarrones y pérdidas son comunes, la gente grita, sugiere, ordena y se desespera. Naturalmente nada de eso ayuda, en entonces fue cuando la primera regla aprendida en los cursos de primeros auxilios que nos dieron en la Cruz Roja salió a relucir, “asumir el mando y expedir órdenes”. Sorteando las olas para llegar al punto necesario, encontramos una figura amiga que nadaba vigorosamente hacia afuera arrastrando a una persona, era Don Víctor Vázquez Santoyo, mi vecino y amigo. “Güero, sáquenlo, voy por los otros”. Al escuchar aquella frase se nos heló la sangre, no era uno sino tres los afectados.

 

Afortunadamente logramos como equipo, servir a esas personas y tener un feliz desenlace. La experiencia de Don Víctor fue determinante en aquel momento, para evitar la tragedia, sin él, no se como nos habría ido.

La tarde, casi noche del miércoles, un hombre que quedó atrapado en el interior de una noria en Montitlán, municipio de Cuauhtémoc Colima, falleció. Desconozco las condiciones del suelo de la propiedad privada en la que sucedió, me queda claro que estuvieron ahí personas especializadas en la materia y lamentablemente nada pudieron hacer para preservar una vida.

ABUELITAS:

 

Desde éstas modestas líneas expreso mi reconocimiento a quienes estuvieron ahí dando su tiempo, esfuerzo y arriesgando su vida para salvar la de otro. Es difícil entender, expreso mi sentido acompañamiento a la familia de ese joven que, buscando sustento económico mediante un trabajo honrado, cumplió su ciclo. Ojalá que la empresa contratante asuma la parte que le toca, él se lo merece. Es cuanto.