TONALTEPETL 21/09/20

Gustavo L. Solórzano

 

Quizás tenía ocho años o a lo sumo nueve. No recuerdo como llegué, ni quien me invitó, lo cierto es que me gustaba estar ahí y con el tiempo, empecé a invitar a mas amigos de mi edad.

La emoción ingenua al principio, se convirtió en una entendida razón, servir con prontitud, eficiencia y sin distingos. El compromiso partía además de la buena voluntad personal, de la frase “Aquí siempre se viene a dar, nunca a recibir”. Las horas libres de mi tiempo escolar las pasaba siempre ahí, se volvió un gozo no había mañana ni tarde, solo estaban las ganas de ayudar, ser útiles a la necesidad de otros. La disciplina era recia, normaba seriedad y cumplimiento, so pena del “castigo con una o más dominicales”.

 

Las ordenes son para cumplirse, era nuestro primer aprendizaje, bajo acuerdo con la Secretaría de la Defensa Nacional (1950) y con base al comportamiento, antigüedad, limpieza y otros aspectos importantes, nos ganábamos un grado. Delegados, Presidentes y Administradores y principalmente los voluntarios, humanos todos, fueron dejando su huella a lo largo de los años, unos grata y otros no tanta. Afortunadamente han sido más aquellos que han dado lo mejor de sí mismos para servir a la sociedad a través de esta noble e incomprendida institución. Desde 1929 de acuerdo lo que data en algunos archivos, hasta la fecha, la Cruz Roja ha estado ahí en los peores momentos de nuestra sociedad.

 

Difícilmente había presupuesto para uniforme una vez al año o cada dos años y había que ganárselo, los botiquines, fajillas, casco, y aditamentos adicionales corrían a cargo de nuestro bolsillo. Los alimentos eran prorrateados entre los que participaban, es decir, ¿de a como nos toca? La economía solo permitía pagar un chofer que cubría de las ocho de la mañana hasta las nueve de la noche, los demás que participábamos éramos VOLUNTARIOS. Eran otros tiempos ciertamente, hoy la ciudad ha crecido y se atienden alrededor de cuarenta servicios diarios, es necesario tener personal capacitado humanitariamente, antes que en técnicas de salvamento. Esa es la esencia de un buen rescatista, amar lo que hace, sin poner signos de pesos a su trabajo o anteponer la economía para servir. De lo contario habría tenido que escoger otra profesión, pues quien piense que se hará rico de la salud prehospitalaria, ya quebrantó no solo los principios institucionales, sino los que dicta su conciencia.

 

Las unidades, gasolina, llantas, aceite, refacciones, luz, agua, medicamentos, vendas, gasas, jeringas y un sin fin de etcéteras han costado a la Benemérita siempre. Eso nos concientizaba para ahorrar y cuidar lo que se había. Que esperanzas que tuviéramos unidades con aire acondicionado o con el equipamiento que ahora cuentan; termómetros, vendas, guantes, jabón, etcétera, también corrían por nuestra cuenta, el que podía comprar claro está. Nos solidarizábamos con la institución, éramos gente consciente de las carencias existentes y evitábamos caer en el abuso. “Aquí siempre se viene a dar, nunca ha recibir”.

 

A pesar de sus carencias en virtud de que la colecta 2020 no ha dado fruto, la Cruz Roja en Colima tiene un protocolo para atender a pacientes de covid 19. Así mismo ha dotado material de apoyo y protección al personal que atiende servicio de urgencias.

El llamado es el de siempre, quizás, mas no por ello fuera de tiempo, acérquese a la institución, apoyemos donando en la cuenta BBVA Bancomer, clabe: 012090001956562657, cuenta: 0195656265 a nombre de Cruz Roja Mexicana IAP o llame y una persona plenamente identificada puede pasar a recoger su donativo. Todos nos necesitamos, es cuanto.