TONALTEPETL/ 17 de enero del 2019

Gustavo L. Solórzano

Lo importante no es llegar, lo importante es el camino; yo no busco la verdad, sólo sé que hay un destino. Fito Páez.

Bipolaridad, primera de dos partes:

Ignoro cifras estadísticas, sin embargo sé que en Colima existen muchas personas con enfermedades mentales que deambulan entre la población. Hace muchos años, en un acto totalmente inhumano llegaron dos o tres camiones con enfermos mentales que provenían de Jalisco, quienes los trajeron solo los dejaron tal cual venían, apenas recuerdo el hecho. Afortunadamente alguien dio aviso a la autoridad y ni tardos ni perezosos los gendarmes colimenses los llevaron de regreso a su tierra, previo a ello los alimentaron. Nunca más se supo nada, como en el caso de Camelia la texana.  

Una de las enfermedades mentales que más notoriedad ha adquirido actualmente es la bipolaridad, situaciones críticas no superadas que fueron vividas en soledad o en familia, parecen generar el brote, dicen algunos especialistas. Los síntomas pueden presentarse de leves a fuertes y perjudica las relaciones de cualquier índole. Solamente en Argentina el trastorno bipolar afecta a cuatro de cada cien ciudadanos, lo anterior ha generado la semana del paciente bipolar. Son tantas y tan diferentes las aristas que conforman esta enfermedad, que hay quienes la consideran un don; indudablemente para la persona que la sufre no es nada grato.

Serias investigaciones hallaron como resultado que una importante carga genética determina su aparición. El trastorno consiste básicamente en que la persona sufre los dos polos posibles del estado de ánimo: salta de la euforia más aguda a la depresión más profunda, muchas veces sin escalas.

 

En la primera fase el paciente pierde la necesidad de dormir, está excitado, con ideas megalómanas, grandes proyectos o con inclinaciones que nunca tuvo, que pueden ser religiosas, místicas o profesionales. El polo opuesto, el de la depresión, es justamente todo lo contrario: la persona está con una actividad disminuida, con el estado de ánimo por el suelo, tiene sentimientos de desolación, desesperanza y sin voluntad para encarar proyectos. Suelen ser esas personas que te sonríen y casi al instante te ignoran, un día te expresan un mensaje alentador y al otro te muestran una cara irreconocible. Por si fuera poco, la alternancia de las fases de la polaridad no es pareja, las personas que la padecen pueden durar días de “malas” y días depresivas que nos permiten identificar a la persona que la padece como maniaco depresiva. 

Un dato curioso es que los bipolares entre la población general no pasan del 4% o 6%, entre escritores llega al 50% y entre los artistas supera el 60%. Según el Centro de Salud Mental, los cuatro trastornos reconocidos como enfermedades mentales son la ansiedad, depresión, esquizofrenia y bipolaridad. Las primeras dos son curables, no así la esquizofrenia y bipolaridad que además del cerebro, afectan el resto de la salud, incluyendo la sexual, y también son propensos al suicidio.

Concluyo esta primera de dos partes, resaltando que la bipolaridad afecta más que nada los estados de humor. Una buena manera de ayudar es quitarle la mayor cantidad de estrés posible, pero sin eliminarle tareas de la vida, porque en los episodios de manía la persona puede mostrarse deseosa de ayudar y si no puede hacerlo entonces se aburre y puede pasar a otros episodios. Lo mejor es montar una dinámica de hogar en la que ambos lleven a cabo las tareas de una forma amena.

2019, 66 aniversario de la A.C.P.E. Es cuánto.