SEAN OSMIN HAMUD RUIZ 17/DIC/2018

Tengo un par de semanas refiriéndome a la idea de que tratemos de mirar de forma optimista los cambios que se pretenden generar y algunos que se están ejecutando al amparo de lo que se ha denominado la cuarta transformación.

Debo confesar que ese optimismo se me está agotando. No logro asimilar cuestiones que superan cualquier lógica, cualquier escenario producto del sentido común.

No puedo entender a un presidente que consulta absolutamente de forma abstracta a un ente que denomina “madre tierra” acerca de una obra multimillonaria de infraestructura. Si es demagogia, malo. Si es por principios, malo. Si es una convicción, peligroso.

No encuentro ninguna línea de razonamiento eficaz que me logre conectar la postura de un funcionario respecto a los salarios que pretenden imponer en la burocracia y las remuneraciones que se pagan en la iniciativa privada. Y menos cuando lo enmarca en lo que define como una posición derivada de la ética. Si es una puntada, malo. Si es moralidad, malo. Si es ignorancia, peligroso.

Me parece angustiante que no se comprenda la sofisticación que tienen las actuales formas de financiamiento global y se quiera imponer la voluntad de una promesa de campaña, por encima del andamiaje financiero que sostiene el proyecto del aeropuerto en Texcoco. Si es desconocimiento, malo. Si es arrebato, malo. Si es desafío, peligroso.

La prisa que llevan no justifica los tumbos de su conducción. Somos un país complejo. Representamos la 14ª economía del planeta. Somos la 6ª potencia mundial en turismo. Tenemos la 13ª extensión territorial de las naciones del orbe. Tenemos el mayor número de tratados comerciales internacionales firmados y funcionando.

Suplico se tomen un respiro. Vienen días de asueto y tradicionalmente de reflexión. Que les aprovechen. Es por el bien de una nación.

Hace unos días se me ocurrió una frase que espero en las próximas semanas deje de tener sentido para mi:

“Pobre México, tan cerca de López y tan lejos de Juárez”

No tenemos que asumir que no hay remedio. Hay que seguir levantando la voz.