¿QUÉ VIENE? 11/11/19

SEAN OSMIN HAMUD RUIZ

EVO

 

En los últimos tiempos, considero, hemos confundido a las mayorías con la democracia.

 Si bien es cierto que el instrumento de este sistema es el voto y por lo tanto la definición de los liderazgos se da en función directa de un número de sufragios contabilizados, el detalle es que el sistema se sostiene de los contrapesos que existen al poder absoluto.

Liderazgo sin control, es dictadura, con todo y sus buenas intenciones.

En Bolivia se estaba viviendo la perpetruación del presidente. 14 años y contando. Y queriendo más.

Ayer vivió su punto más álgido cuando una gran proporción de la población salió a manifestar su inconformidad por el proceso electivo y los resultados oficiales. Y sucedió que, a la orden del presidente a las fuerzas armadas de controlar el movimiento social, éstos se negaron.

La reacción, sobrada, fue gritada y hecha eco en diferentes países de Latinoamérica: se gestó un golpe de estado.

Lo curioso es que, por definición, un golpe de estado consiste en la toma del poder político, por un grupo no afín al régimen del momento, ilegalmente y de forma repentina. Hasta donde se sabe, quienes pedían la renuncia del presidente, no tenían a alguien en particular en mente para ocupar el cargo. Lo que desean son nuevas elecciones, ordenadas, legales y limpias.

El juego del demagogo con las definiciones para causar afinidades o temores, dependiendo de a quién le esté llegando el mensaje.

Y ahora observamos a un montón de gente desepoderada que busca huir de su país, cuando hace unos cuantos días festejaban precisamente un proceso electoral impoluto. Algo han de saberse que no se quedan a enfrentar el fenómeno social que ellos mismos desataron.

Y acá observamos una nueva incongruencia, sumada a esa contabilidad que se antoja imposible por la forma en que vertiginosamente se alimenta el número de las mismas día a día.

 

Oficialmente ofrecemos cobijo a los que huyen, rompiendo aquello de que no hay mejor política exterior que la interior. Compramos un pleito que no es nuestro y además, en una circunstancia que debiera provocar, lo menos, una mención de observancia, no así de complicidad. Estos vientos de transformación que se empeñan en empujarnos a una situación de cuarta. Es la T4.