PUNTO DE VISTA 1/OCT/2018

¿Qué es la LEY?

En la acepción que me interesa destacar, según el diccionario de la real academia de la lengua, a la letra dice:

Precepto dictado por la autoridad competente, en que se manda o prohíbe algo en consonacia con la justicia y para el bien de los gobernados.

Enfatizo, en consonancia con la justicia y el bien de los gobernados.

¿Qué hemos atestiguado en los últimos días respecto a lo que es justo y lo que es legal? Enumerarlo pareciera un ejercicio casi de masoquismo psicológico. Lo que importa es llamar la atención a lo que estamos en oportunidad de corregir.

Un funcionario que pecunia los recursos públicos, se inhabilita, incluso se le pide resarcir el daño y hasta una multa puede llegar a pagar, pero no toca la cárcel. Un ciudadano, que, sin importar las circunstancias, omite o reduce el pago de sus impuestos, es un defraudador fiscal y casi tiene garantizada la privación de la libertad. Ambos están lacerando el recurso público que es de todos. Legalmente merecen el recibir algún tipo de castigo, ¿pero esto es justo? ¿Ambos casos garantizan con la misma contundencia el bien de los gobernados?

Bien se sabe que siempre va a existir la dicotomía de legalidad y justicia, pues como toda creación humana, la ley es perfectible. Y precisamente, sin importar cuantas veces se haya abierto el debate en este sentido, cada que se tenga oportunidad, hay que hacerlo y más cuando los hechos del día nos reflejan esta inequidad.

¿Qué sería más importante para el bien común, prohibir los popotes o revisar que los castigos sean equitativos y proporcionales para todos los ciudadanos?

El caso de los popotes además se reviste de demagogia, pues hubiera sido mucho más provechoso y productivo enfocarse en reglamentos o leyes que nos obliguen a implementar políticas estrictas de separación de basura enfocada al reciclaje, en lugar de simplemente dar al traste con una industria que produce miles de empleos. El que utilicemos un popote no nos hace aniquiladores del ecosistema. Nos mantenemos como tales cuando no adoptamos la filosofía de las cuatro “R’s”: Reutilizar, Reciclar, Recuperar, Reducir.

Lo anterior es solo un ejemplo. Sigo insistiendo en que como sociedad no podemos bajar la guardia y cada vez se hace más patente la necesidad de involucramiento en el proceso de diseño de las políticas públicas que afectan nuestras vidas.

Quienes tienen la responsabilidad de canalizar los intereses de los ciudadanos, tienen la obligación de recordar la definición de ley que mencioné al principio y si la olvidan, pues cualquiera de nosotros debe recordárselas.