¿PODEMOS VERDADERAMENTE EXPRESAR TODO Y DISFRAZARLO POR LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN - HUMANITAS

NIKOLA VARGOVA

 

 

La vida cotidiana nos lleva a muchas situaciones, las cuales generan diferentes opiniones y finalmente la gente se expresa sobre las mismas, con su idealismo subjetivo. Las emociones como el enojo o temor, pueden acomodar la información principal a tal grado, hasta que pierde su verdadera esencia.

 

Diariamente nos bombardean mensajes en los grupos que tal vez tienen algo de verdad, pero antes de llegar a nosotros fueron transcritas tantas veces, que se desconoce la fuente principal. La libertad de expresión no significa, que puedo decir lo que se me antoja, que puedo reenviar mensajes sin conocer la credibilidad y el origen de la misma, porque únicamente me impactó su contenido, y tal vez con ello, afectar a alguien o la sociedad misma. Aunque la libertad de expresión se considera como un requisito indispensable para la existencia de sociedades democráticas, en su base éste derecho incluye la libertad de mantener opiniones sin interferencia y de buscar, recibir y difundir información verdadera o captada por nosotros a través de cualquier medio de comunicación.

 

Esta cuartilla no es ningún análisis profundo de la ponderación de libertad de expresión en su choque con el derecho al libre desarrollo de la personalidad o derecho a la intimidad que tantas veces están alegando nuestros políticos cuando la prensa los menciona. Quiero hablar sobre la libertad de opinión y de expresión que viene desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos y como el derecho fundamental fue introducido a nuestra Constitución, que prohíbe cualquiera inquisición judicial o administrativa relacionada con la manifestación de ideas. Pero se nos olvidó qué, excluyendo los reporteros o participantes de la prensa, nosotros como humanos también damos opiniones o nos expresamos respecto a ciertas situaciones o ideas. Y es ahí en donde deberíamos corregirnos, no porque la ley nos obliga o por la posibilidad de alguna penalización, sino por el simple hecho de ser humanos.

 

El derecho a la información garantizado por el Estado, está más que seguro cumplido por el trabajo de todos los periodistas y la prensa que nos dan informaciones de la vida cotidiana. ¿Pero qué pasa con la información difundida por los particulares que resulta en los ataques a la moral o daña directamente o indirectamente derechos de tercero? ¿O qué hacer con las informaciones que carecen de cualquier valor y ni si quiera podemos de manera respetuosa otorgar la fuente de la información? No hablando sobre otras limitaciones de este derecho dentro de nuestra Constitución.

 

Creo que todos pasamos una vez por la situación, que la información difundida en los mensajes de los grupos de WhatsApp, de los números que ni conocemos, resulta no cierta. Cuantas veces sin hablar sobre consecuencias como provocación del delito o afectación de la moral de la sociedad, la información difundida nos causó mínimo temor o que nuestra mente fue ocupada con los pensamientos sobre la credibilidad, la probabilidad y al final quedamos ocupados pensando sobre la posible afectación a nuestra vida. Las informaciones de los ciudadanos, que ni son investigadores, ni forman parte del poder ejecutivo o reporteros, que hablan sobre los grupos delictivos y sus actividades y más son inciertos como verdaderos lo único que generan a parte de la violación de nuestros derechos y del articulo 6.- de la Constitución, cambian el pensamiento colectivo. Este tipo de los mensajes en muchos países están prohibidos y castigados con una sanción penal, porque así como lo establece también nuestra Constitución, afectan la moral de la sociedad y en realidad generan más violencia por los actos de odio. Por eso no confundamos nuestro derecho a ser informados, con ataques a nuestro bienestar por difundir las informaciones falsas que derivan en la afectación del bienestar de todos nosotros, de nuestra sociedad.