Las huellas de la religión en Colima

Por Amelia Gutiérrez Solís

 

 (Agencia Informativa Conacyt) La doctoranda en historia y etnohistoria por la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH) María Irma López Razgado, como parte de su investigación Las huellas de la religión en la Villa de Colima, estudia las cofradías o hermandades religiosas que hubo en la época virreinal.

En entrevista con la Agencia Informativa Conacyt, la historiadora, quien labora en el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Centro Colima, explicó que en la Villa de Colima, a principios del siglo XVII se inició un proceso de expansión que mantuvo por centro la iglesia parroquial dedicada a San Sebastián, que fue sustituido en 1668 por San Felipe de Jesús, patrono jurado de la Villa de Colima.

Detalló que en 1680 se contaba con tres parroquias, tres capillas y seis cofradías: la Iglesia Parroquial, la Iglesia del Convento de la Merced y el Convento-Hospital de San Juan de Dios; en ese entonces las capillas como la Soledad, Santo Nombre de Jesús y la Santa Vera Cruz no oficiaban misa. Mención especial sería el convento de San Francisco de Almoloyan que se fundó en 1554 por gestiones de Lorenzo Lebrón de Quiñones, mismo que fue dedicado solo para los indígenas de Colima, y más adelante también tuvo sus cofradías.

Mtra. María Irma López Razgado.

María Irma López señaló que las cofradías en la Villa de Colima fueron congregaciones o hermandades que formaban algunos devotos con autorización eclesiástica para ejercitarse en obras espirituales y materiales. Las seis cofradías eran: Cofradía de Nuestra Señora del Rosario, Cofradía del Santísimo Sacramento, Cofradía de las Ánimas, Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, Cofradía de la Santa Vera Cruz y Cofradía del Santo Nombre de Jesús.

Entre las capillas religiosas se encontraba una dedicada a los mulatos y pardos que vivían en Colima, que se llamaba Dulce Nombre de Jesús o Santo Nombre de Jesús que, a su vez, tenía su cofradía del mismo nombre y su fiesta devocional dedicada a un Dulce Niño y a Santa Efigenia. Esta cofradía de pardos y mulatos de Colima tuvo dentro de sus cofrades o integrantes a españoles, mestizos e indígenas, lo cual la convertía en una cofradía mixta.

En Colima, como en muchas otras regiones, llegaron los afrodescendientes desde el siglo XVI, quienes paulatinamente fueron aumentando su población al grado de tener su propia iglesia y cofradía, expuso María Irma López, quien pertenece al Seminario de Estudios Africanos y Afrodescendientes en México.

Discriminación y mestizaje 

La historiadora, para desarrollar esta investigación, ha consultado archivos civiles, en donde encontró documentos inéditos de la cultura religiosa y aspectos de la población de afrodescendientes.

“En el Archivo Histórico del Municipio de Colima (AHMC) encontré un documento único que es sobre cofradías, pero de mulatos y pardos, llamada Dulce Nombre de Jesús ”, resaltó.

Las actividades económicas de los afrodescendientes estuvieron relacionadas, en el campo y en las zonas urbanas, con el servicio doméstico, el cultivo de la caña y del algodón, así como en la elaboración de la sal, y algunos ayudaron a ser intérpretes en los juicios; mientras que otros trabajaron de pregoneros. 

Imagen de la población en el siglo XVIII en Colima.

En el aspecto social, esta población no solo se relacionó entre individuos de la misma raza, sino que algunos se casaron con españolas, mestizas e indígenas.

En 1789, había aproximadamente cuatro mil habitantes en Colima, de los cuales dos mil 117 eran españoles y mestizos y mil 580 negros, mulatos y pardos. 

“La población parda es un término que se le dio en este periodo, pero es la definición en la que se agruparon los descendientes de africanos”, explicó la historiadora.

Finalmente, dijo que el crecimiento considerable de los afrodescendientes en esos años había alcanzado 52.72 por ciento del registro de la población.

“A pesar de la discriminación y de las prohibiciones de la Corona, en Colima a mitad y finales del siglo XVIII, estamos observando una población, de acuerdo con los documentos y los padrones, donde mestizos, castizos, mulatos, pardos y españoles tenían relaciones interétnicas”, concluyó.