LA LUZ INTERNA - HUMANITAS

POR: NIKOLA VARGOVA

 

Cada de nosotros traemos dentro de sí mismo una luz. Una luz interna que ilumina el camino de nuestra vida. Esta luz nos apoya en nuestras decisiones, en todas situaciones difíciles para no perder el camino, el objeto de nuestra presencia en este mundo. Cuando cerramos ojos y escuchamos nuestra respiración podemos sentirla, respirarla. Esta luz podemos elevar al lugar de nuestra vitalidad positiva, de las ganas de vivir, de actuar correctamente, sin fallar, sin tomar malas decisiones, sin lastimar a otras personas etc. pero el objeto no es evitar estas situaciones porque es cierto que como humanos fallamos y volvimos a fallar. Lo más importante para nosotros es aprender de esa situación, ver lo positivo en todo lo negativo que nos va a asegurar, que nuestra luz interna no va seguir apagándose.

 

Cuando empezó este aislamiento social nuestras luces internas empezaron iluminar más que los caminos, sino toda la sociedad. Por los actos del amor, de la protección hacia otras personas nos hemos encerrados en nuestras casas y no hubo ninguna muerte, tal vez un contagio de la persona que llego de afuera. Me recuerdo que empezando la cuarentena casi no hubo carros en la calle y menos una o tal vez dos personas caminando. El carnaval de la vida se paró, nos regresamos a nuestras familias, empezamos más tiempo pasar juntos, aprendemos trabajar en distancia y valorar los momentos bellos de la vida deteniendo el reloj interno de nuestra vida y guardando la luz interna dentro de nosotros.   

 

¿Pero qué está pasando ahora con nosotros? Algunos de nosotros pierden unos rayos de su luz interior por ser chismeando, por ser malagradecidos, por cada emoción negativa queriendo parasitar en la tristeza de otra gente. Así como con cada enfermedad se sale parte de nuestra luz, por cada emoción negativa estamos poco y poco muriendo. La muerte anda en las calles y no es nada más el efecto de la pandemia. Más que con ella está relacionada con nuestra soberbia, con envidia, con mentiras que nos acompañan durante la vida diaria. Nos estamos quitando la vida solos, por no agradecer por cada día cuando despertamos y por todas las oportunidades, aunque pequeñas que nos intentan hacer la vida más agradable, por éxito de nuestros amigos, pero enemigos también.

 

Todos somos aquí nada mas temporal. ¿Cuánto nos queda? ¿40, 70 o 80 años? ¿De estos 14.600, 25.550 o 29.200 días, cuantos hemos estado felices, nos acostamos con sonrisa contentos de lo que realizamos durante el día, aunque sería nada más ayuda a nuestra vecina con su bolsa de la tienda, o de bien realizado trabajo, del cuento que hemos leído a nuestros hijos antes de dormir pagado con sus sonrisas? Muchas veces nosotros mismos preferimos la tristeza, las emociones negativas con cuales nos estamos matando en vivo, que diario nos están quitando parte de nuestra luz hasta que viene la oscuridad, la muerte.

El tejido social se va a sanar con las acciones positivas nacidas de nuestra actuación respetando nuestros derechos y interés de la sociedad, así como nos vamos a sanar internamente nuestros mismos. Nuestro cuerpo es el templo de nuestra luz, no permitimos que se apaga antes de que nos apaga la pandemia.