LA GUERRA- HUMANITAS

NIKOLA VARGOVA

  

Cuando un estado está en la guerra, sus ciudadanos sobreviven de un día al otro en el temor de la pérdida de su propia vida. De pronto se pierde el interés por lo material, porque la vida es lo único que tiene el valor. Se cometen injusticias y muchos delitos relacionados con las violaciones de derechos humanos. No nada más el conocido Holocausto, sino ejecuciones sin juicio como el genocidio en Ruanda en el año 1994, la consecuencia triste de la guerra que duró casi 4 años, o también la guerra civil en Yugoslavia que terminó en el año 1995 con el balance de más que 100 mil muertos y miles que perdieron su hogar. Durante el Holocausto fueron ejecutados millones de judíos nada más por pertenecer a un grupo elite, con poder y claro mucha riqueza que después de sus muertes sirvió para financiar la guerra. Las ejecuciones que nunca estuvieron reclamadas porque se murieron todas las familias, porque la justicia, por cierto periodo paró totalmente, porque la materia de los derechos humanos estaba en pañales, porque el interés y lo más preocupante en ese instante era sobrevivir. Aunque la justicia vino varios años después, por los delitos de la guerra y genocidio exigidos como la responsabilidad internacional y obvio, que a ninguna de las víctimas se le regresó la vida, estos actos dejaron marcada a la sociedad europea. La afectación fue tan grave que llegó a la modificación de reglas que aprobó la Organización de las Naciones Unidas y asimismo la Declaración Universal de los Derechos Humanos, su lugar en la sociedad encontró respeto y la humanidad. El Mundo y más todos los estados del viejo continente captaron la importancia del establecimiento de los criterios más estrictos en la aplicación de la materia de los derechos humanos. Y en varias ocasiones de nuevo volvieron a caer. A pesar de eso 50 años después llegó en el viejo continente a otro hecho genocida en Yugoslavia y por los propios intereses de los individuos, ahí murieron miles de personas. Parece que nada más somos humanos cometiendo errores.

 

Ahora al parecer nosotros también estamos en la guerra, diario se muere la gente por la culpa de la pandemia, pero más por la inseguridad, la inseguridad esperando en cada esquina. La gente de los más vulnerables literalmente está muriendo del hambre, porque muchos empleos fueron cancelados, negocios cerrados ya para siempre y la gente perdió los únicos recursos de la subsistencia, desesperación y miedo de lo que viene mañana es lo único que les quedó. ¿Estamos en la guerra? Por supuesto que no, pero de igual manera la justicia está parada como que si existiera la verdad y las violaciones en derechos humanos excepto las relacionadas con la libertad, no pueden ser reclamadas por la herramienta tan típica y efectiva en México, como el amparo. La inseguridad total.

 

De vez en cuando como personas necesitamos caer, para aprender de nuestras fayas, para captar la esencia de nuestro camino de la vida. Lo mismo pasa dentro de nuestra sociedad, estas situaciones críticas necesitamos tomarlas como aprendizaje respecto a los valores sociales, a la importancia del tejido social y del pensamiento colectivo y aunque en este momento tal vez no lo creemos, la justicia siempre va a llegar, aunque de vez en cuando tarde para salvar la vida, pero en cierto sentido a tiempo para servir como la penalización de los hechos que afectan nuestra humanidad.