LA ESPERANZA - HUMANITAS

POR NIKOLA VARGOVA

 

 

Al parecer las actividades de nosotros los ciudadanos se convirtieron en la esperanza de un mejor futuro, en la vida sin la pandemia, en la vida sin delincuencia o los muertos, en la esperanza del futuro sin miedo y con estabilidad laboral y seguridad que cualquier problema del ciudadano va a ver resuelto por las organizaciones del gobierno. Parecemos osos hambrientos que mejor dormidos encendiéndose en sus cuevas esperan el día cuando termina el invierno y salen a buscar su comida.  

 

El Estado es una familia, todos tenemos que colaborar y actuar juntos para rendir la mayor efectividad en las metas planteadas, ¿pero es suficiente si únicamente uno de los miembros de la familia contribuye al crecimiento? ¿Podemos recibir sin contribuir? ¿Es justo contribuir y no recibir nada? De seguro que no. El derecho a la educación básica establecida en el artículo 3º de nuestra Constitución se desahoga por el sistema de las escuelas públicas, asimismo el derecho a la salud con su fundamento en el artículo 4º como una de las obligaciones del Estado, tiene por objeto garantizar el acceso a los servicios de salud. El artículo 25.- constitucional establece otra obligación del Estado, generar un mayor crecimiento económico, promoviendo inversión y la generación del empleo, así como velar por la estabilidad de las finanzas públicas y del sistema financiero, para coadyuvar a generar condiciones favorables para el crecimiento económico y el empleo. En la "familia" del Estado podemos recibir esta protección a cambio de cumplir con nuestras obligaciones, vivir la vida de un ordenado ciudadano y activamente participar en el sistema económico sin defraudar o sin dejar de cumplir las obligaciones del contribuyente activo aunque seguimos encerrados en las casas.

 

El sistema económico los recursos recaudados de nuestros impuestos a parte de los salarios de los funcionarios sirve precisamente para asegurar el cumplimiento de las obligaciones del Estado en la relación con el ciudadano. Es un ecosistema financiero y social, dentro del cual, si falta una parte, deja de funcionar bien. Es cierto, que durante esta pandemia nuestros hijos no van a la escuela, pero esto no significa que el Estado ya no ocupa cumplir con el derecho establecido dentro de la Constitución, derecho de recibir la educación que claramente ocupa recursos financieros. El derecho a la salud y acceso a los servicios médicos y más en estos tiempos complicados de la pandemia del COVID-19, también tienen su fondo en las finanzas públicas. Pues más fácil no podemos decirlo, todos tienen alguna obligación y al cambio reciben derecho o servicio, no excluyendo el Estado que recibiendo nuestra participación, debe protegernos. Ninguna de las partes puede faltar.

 

Así, escondernos en las cuevas, no significa que se termina la vida, que se suspenden los servicios de los organismos de la protección de nuestra seguridad o los de la salud, y aunque permanecemos encerrados en las casas, no significa, que la función que tiene el Estado respecto a sus ciudadanos se acabó. No somos osos, que se esconden ante los pagos o ante el cumplimiento de las obligaciones en la esperanza del mejor futuro, somos humanos que responsablemente antes de exigir saben que deben cumplir sabiendo que tienen mecanismos efectivos para reclamar sus derechos constitucionales.