FUNCIONARIOS SIN VALORES HUMANOS

 FUNCIONARIOS SIN VALORES HUMANOS

 Por Abel González Sánchez

 

Así como no existe ninguna escuela especial para formar buenos padres o madres de familia, lo que beneficiaría a muchos matrimonios jóvenes, tampoco existe una institución política educativa para formar a las nuevas generaciones de buenos funcionarios públicos, para lograr formar mejores gobernantes de Colima y del país, con más valores humanos, para logar excelentes alcaldes, gobernadores y presidentes de México, también los partidos políticos ni siquiera obliga a sus candidatos a realizar un curso previo intensivo de ética y valores humanos antes de destaparlos.

 

En México padecemos por negligencia de los partidos y los legisladores una generación de políticos que de un día a otro son alcaldes, diputados locales o federales, senadores, Secretarios del Gabinete Estatal, federal o municipal, incorporando así a Juan Cuerdas, mejor dicho, a muchas personas que carecen de formación y educación, apareciendo como funcionarios en muchos casos a verdaderos cuasi delincuentes, sin respeto a las personas, tranzas, sin valores humanos, no saben ni el significado de ética o moral, independientemente de ocupar un cargo que en realidad no merecen, no funcionan y que lo usarán solo para beneficiarse personalmente en lugar de apoyar a la ciudadanía.

 

El presente tema surgió en esta ocasión al escuchar a una madre afligida y molesta en una reunión familiar hace unos días, quejándose porque desde que a su hijo le dieron un cargo público aquí en nuestra entidad, prácticamente y sistemáticamente abandonó a su familia, se está divorciando a pesar de que su esposa es muy responsable y tiene dos niños menores de edad, así dijo la señora en la reunión familiar, “hubiera preferido que no le hubieran dado ningún cargo a mi hijo porque ya casi no viene, anda de volado y  lo peor, ahora mi hijo es soberbio, prepotente y sangrón”, ubicamos bien al funcionario pero no vale la pena mencionar su nombre aquí, porque no es el propósito de denostarlo en la columna, pues su madre ya se encarga de hacerlo, quizás con justificada razón.

 

Pero es una realidad política cultural, hasta el presidente del país, Andrés Manuel López Obrador advirtió a sus Super Delegados y funcionarios de que no se marearan al subirse al ladrillo, por favor sean sencillos y honestos, les pidió, “combatamos todos la corrupción”. Sin embargo el problema pareciera que está arraigado en la cultura política de los mexicanos, y afecta a todos los niveles el problema, sin que se haga nada al respecto y desde que asumen un cargo se transforman en personas con un comportamiento distinto, es el poder político dicen, y la gente casi ya está acostumbrada.

 

Pero la soberbia, la prepotencia y los actos deshonestos de los políticos son comportamientos negativos que no suele ser muy bien visto dentro de la sociedad y por la ciudadanía en general, es una enfermedad psicológica más común de los que llegan al poder sin formación ni experiencia política alguna, es un sentimiento de superioridad y valoración de una persona por encima de otra, y de la falsa idea de robarse lo que pueda, hasta en su propia familia los critican de que de un día a otro, por su nuevo cargo, se convirtió en arrogante, prepotente, fantoche, ya no contesta las llamadas a cualquiera como lo hacía antes de llegar a un cargo, y risiblemente esa soberbia les desaparece al terminar su función pública y hasta entonces, ya empiezan a buscar de nuevo a sus amigos y familiares.

 

En el ámbito de la filosofía, los valores humanos son las cualidades del comportamiento de las personas que las hacen ver como buenas o negativas, los valores son los que enaltecen al ser humano, es decir, un valor humano, por lo tanto, es una virtud, con una serie de principios universales por los que se rigen la mayoría de las personas y nos sirven de guía para saber cómo conducirnos para vivir armónicamente en comunidad y evolucionar como sociedad. Entre los valores humanos más importantes encontramos la ética, el respeto al prójimo, la puntualidad, la tolerancia, la bondad, la paz, la solidaridad, el amor, la justicia, la responsabilidad, la equidad, la amistad, la libertad o la honestidad, entre otros.

La impuntualidad de los funcionarios es otro valor humano perdido, es una falta de respeto a los demás y reflejan desordenes personales, es como un desprecio a los ciudadanos que votaron por el propio servidor público, pues ya no basta el pretexto de siempre, disculpen mi retraso fue un accidente, se prolongó la anterior reunión, es muy lamentable que los gobernadores o presidentes municipales lleguen a las reuniones públicas con una y hasta dos horas más tarde, como si vinieran de la ciudad de México, los funcionarios organizadores de los eventos inclusive advierten, citen a la gente a las 4 porque el alcalde llegará a las 5, les encanta hacer que la gente espere por vanidad. ¿Qué nos pasa? ¿Para qué hacer perder tanto tiempo a la ciudadanía, a las familias? No es mejor educarnos todos y ser puntuales y ahorrarnos tiempo.

 

Por último, no todos los funcionarios públicos son irresponsables y carentes de valores morales y humanos, de verdad hay quienes sí merecen nuestros respetos y nuestro reconocimiento, aunque sean pocos, pero sí los hay, aunque la mayoría son servidores públicos de menor rango, empleados comunes que con o sin titular de una dependencias hacen funcionarla mejor que cuando llega un funcionario sin valores humanos.