DETRÁS DE LA PUERTA - HUMANITAS

NIKOLA VARGOVA

 

 

Aunque suena muy amargo, estos días ya no sabemos si hablar sobre la pandemia del COVID-19 o sobre la inseguridad de las últimas semanas y días que se está convirtiendo al problema más grave de nuestra sociedad. Los ciudadanos expresando su desacuerdo con el gobierno por masivas manifestaciones, las policías que deberían ser un símbolo de la seguridad y la protección del ciudadano, desaparecidos, actos de violencia entre ciudadanos generando más violencia. Ya ni sabemos cuántos nuevos casos del contagio por el virus hay diario, porque estamos más ocupados con las noticias sobre lo que se está pasando atrás de la puerta de nuestro aislamiento social sin la esperanza del día, cuando el Gobierno Estatal a la recomendación de los organismos federales levante la medida, porque ya paso la cuarentena. Recluidos en nuestros domicilios con una desesperación total de la incertidumbre del futuro.

 

Respecto a la policía desaparecida juzgamos, comentamos o buscamos lazos con el crimen organizado, pero se nos olvida lo más esencial, que ellos son humanos, así como nosotros desempeñando la profesión que eligieron. Son también los padres, las esposas y los hijos. Nadie preguntó a los sentimientos de sus familiares y las preocupaciones por no llegar a la casa unos días. Nadie preguntó la afectación moral que van a tener en relación con el desempeño de su trabajo para el futuro. O los médicos y enfermeros atacados por los pacientes en los hospitales o la gente en la calle por algún tipo del odio en general, que ni está relacionado con la persona concreta. A vez de unir el tejido social, estámos como zopilotes esperando a su alimentación, buscando diario otras causas que van a retroalimentar la desesperación de nuestro aislamiento, el caos detrás de la puerta.

 

A parte de la profesión de los policías, o del personal del sector salud sobre cual se habla últimos días más como antes, hay las profesiones del riesgo que requieren a parte de nuestro respecto por poner en peligro su vida, para salvar otra vida, tal vez alguien de nosotros, de nuestra familia o para salvaguardar el orden social, requieren también que la sociedad les reconoce su valor social y reciben también la valoración del mismo gobierno mediante sus salarios adecuados. Es cierto que con dinero no nos compramos la vida, si alguien de los médicos por atender enfermo del COVID-19 también se enferma y muere, o el policía por desempeñar su profesión ya no regresa a la casa o unos días desconocemos su paradero, pero la valoración del riesgo que corren estas profesiones diario, debería ser adecuada a la probabilidad de la posible afectación. Nuestra constitución dice sobre derecho al trabajo, pero tristemente no habla sobre estabilidad social relacionada con desempeño de ciertas profesiones.  

 

Nosotros hacemos elección de nuestra profesión como algo que nos gusta, algo que en nuestra juventud pretendemos que vamos a hacer unos próximos 30 – 40 años sin pensar la cuestión económica. Esperemos que en unos años más no vamos a quedar sin médicos o policía únicamente, porque nadie va a querer desempeñar esta profesión por no ser valorado o respetado por la sociedad de manera adecuada al riesgo de que corre su profesión.