APUNTES DE CAMPAÑA - POR: ALBERTO LICEAGA

El artículo 41 de la Constitución Política Mexicana instaura que los partidos políticos son entidades de interés público y que tienen derecho a participar en las elecciones estatales y municipales, cuyo fin es promover la participación del pueblo en la vida democrática, contribuir a la integración de la representación nacional y lograr que los ciudadanos accedan al ejercicio del poder público, entre otras cosas.

 

A lo largo de los últimos procesos electorales en prácticamente todos los estados del país, hemos visto que los mexicanos ya no confían en los partidos políticos. Incluso después de una elección interna para elegir a sus candidatos, los partidos quedan muy divididos y llegan a sufrir, de manera irreconciliable, el rechazo a sus candidatos por su misma base militante, debido a procesos internos y alianzas en lo obscurito con otros partidos, grupos y actores políticos, poco transparentes y antidemocráticos.

 

El desaseo de los procesos y de los pactos de alianzas, en las que se conceden candidaturas, votos, prerrogativas y áreas de gobierno, entre muchas otras linduras, han causado mayor malestar en la sociedad y en los grupos internos de los partidos, particularmente por la traición de los grupos en el poder.

 

Estas alianzas electorales y coyunturales, fincadas sólo para ganar o conservar el poder y muchas veces a espaldas de la militancia y de la sociedad, impulsa en consecuencia la alternancia en el gobierno, lo que es una clara evidencia en Colima.

 

Esta visión de “todo para el ganador” ha promovido que las divisiones internas sean tan feroces que sus membresías y votos duros hoy sólo sean una radiografía de lo que un día fueron: amplias y temidas estructuras que por sí mismas tenían la capacidad de convocatoria y de movilización para el día de la jornada.

 

Hoy en Colima hay quienes también piensan que ganan por sí solos, nada más porque su posicionamiento, que no la simpatía ni la preferencia del elector, les dice que son altamente competitivos y casi triunfadores, mientras el dulce canto de las sirenas inunda sus oídos y ensoberbece sus cerebros.

 

Grave error. Parece que sus diagnósticos no son los adecuados. Ni este proceso electoral 2021 es para competir solos, ni es para aliarse con la marca equivocada. Ningún partido y tampoco ningún aspirante tienen lo suficiente para ganar. La ciudadanía en Colima lo percibe fuertemente y se advierten señales de cambio.

No. Ahí no está la llave que abre el candado. Porque Colima tiene un nivel de conocimiento social alto y resulta muy fácil asociar la confianza o la desconfianza con algún candidato. Antes de pensar en los partidos.

 

Parece que han centrado sus estrategias en acciones de coyunturas en vez de circunstancias. Olvidan que van a competir cargando sus propias filias y fobias; que se les endosarán las fracturas de su propio proceso interno; que la población los sancionará por la confianza y aceptación, o no, que tenga de su partido y de su persona; que los electores los juzgarán por su desempeño público como representantes populares y/o funcionarios; y, por si fuera poco, que llevarán a cuestas la crítica feroz de los ciudadanos por el ejercicio de los gobernantes emanados de sus partidos.

 

Y los aspirantes le siguen apostando a las coyunturas. Sumar. Restar. Dividir. Golpear. Muchas opiniones. Muchas ideas que van y vienen. Y cambian y se contradicen. En todas direcciones. Todos quieren opinar e influir. Todos saben cómo ganar, eso dicen. Y con tanto para hacer, para coordinar, para ejecutar, para supervisar, para decidir…Coyunturas. Y en su equipo esto parece un caos.

Cuenta la historia que la coyuntura es la madre de los fracasos de proyectos políticos.

 

Y si no, asómese un instante a la evaluación de los ediles en el país y descubrirá que los morenistas son los peor evaluados por la sociedad. Unos quizá porque se esperaba mucho de ellos y no dieron el ancho; otros, porque el nivel personal y de su gabinete en cuanto a conocimiento y experiencia, distó mucho de la realidad al momento de su ejercicio, y no han aprendido a gobernar;  otros, porque no tenían, y siguen sin tener, la más mínima idea de lo que es la administración pública y los proyectos de gobierno, sumidos en la ineficiencia total; otros más, por el síntoma soberbio y prepotente de todos ellos, que parecen cortados con la misma tijera; y finalmente, otros, por su servilismo, obediencia y defensa a ultranza de la doctrina de gobierno y políticas públicas erróneas de su máximo líder nacional, hoy Presidente de México.

 

¿Qué tenían en común? Todos fueron electos por la misma coyuntura: la ola del ganador, hoy convertida en su peor circunstancia. 

 

Diagnóstico equivocado. Alianzas equivocadas. ¿El partido? ¿El hombre? ¿La mujer? ¿Candidaturas independientes? ¿Candidatos Sociales? Los ciudadanos querrán el poder político con otras opciones. Unas son coyunturas. Otras son circunstancias. No se ve la estrategia política. No se ve la táctica política. No para el nivel de Colima.

 

¿Quién pone orden? El tiempo electoral es muy breve y sigue su marcha, vertiginosamente.

 

Y lo leo así desde mis apuntes de campaña.